Medidas para el amor








El amor se mide en tiempo,
desconfía de presuntuosos inmortales,
procrastinadores profesionales
posponiendo sine fine vuestro encuentro.
El amor se mide en espacio,
en mera acotación tridimensional,
a saber: profundidad, altura y tacto.
El amor se mide en proximidad,
huye de quienes reniegan de la piel;
no inviertas en quásares lejanos,
evita remotas escolleras virtuales.
El amor se mide en búsqueda.
El amor se mide en saliva.
El amor se mide en recuerdos
(a veces, también, en su ausencia).
El amor se mide en esta soledad
de tarde de febrero de lluvia de domingo
preguntándote “qué podría haber sido si”,
“cómo pudo torcerse todo”, “por qué nada”.
El amor no se mide en perdón.
El amor se mide en angustias y rencores,
en maldiciones, monomanías y quebrantos
(el amor, cagüendios, es una sicopatía).
El amor se mide esencialmente en urgencia,
y maldita sea, majadero quejumbroso,
todo apremio fue siempre tuyo.




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