Instrucciones para morir correctamente






Si atendemos al hecho de morir como un trance ineludible, lo primero que debemos afrontar es la absurdidad de temerlo. Yo moriré, tú morirás, él morirá, así que procedamos a estipular el cómo acometer dicho acto forzoso, no facultativo, de forma correcta. Es importante reparar en la limpieza del deceso, considerando todas las culturas de mal gusto dejar un reguero de vísceras y sangre que otro ser vivo, reprimiendo las arcadas casi con toda probabilidad, tendrá ulteriormente que recoger, por no mencionar la costosa higienización de la zona que será necesaria. Así que, por favor, sea limpio. Tampoco conviene fallecer delante de otras personas, por educación y sana urbanidad, ni proferir crispados sonidos de alarma que alerten a miembros de la comunidad, recomendando convertir el óbito en un acto privado y personal, íntimo, como el cine y la televisión vienen escondiendo con regularidad, talmente. Morir es un hecho consubstancial suyo y de nadie más, no lo olvide. Llegado el momento de morir, si acaso éste no le sorprende antes accidentalmente, instamos desde aquí a elegir el instante precioso uno mismo, salvo que marchitarse sobre una cama de hospital u hojaldrarse de aburrimiento en algún triste hospicio de tabiques amarillos le parezcan a usted opciones satisfactorias. Si atiende nuestro consejo y elige su propio momento, no olvide con carácter previo convocar a sus seres queridos para despedirse, desprendiéndose verbalmente de todo aquello que lamentaría a futuro haber dejado sin decir: gratitudes, declaraciones de amor, arrepentimientos, lamentos y pesadumbres varias. Recuerde que después ya no tendrá ocasión, así que sea considerado y evite la descortesía de fallecer sin realizar este ejercicio. Luego ya, si eso, muérase; ordenada, higiénica, callada e intrínsecamente, como le hemos indicado. Y para siempre.





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